Siguiendo con el post de Cisne negro, y porque me parece mucho más interesante que repasar las cosas que necesito hacer mañana, hablaré de mis experiencias traumáticas con la música. No puedo soportar, El cóndor pasa. Durante mis años de universidad, el tercero, para ser más exactos, compartí piso con uno de mis mejores amigos y otra persona en Carreira do Conde (los que conocéis Santiago de Compostela reconoceréis la dirección por ser una de las calles que está frente a la Alameda, la que tiene en frente una colección de árboles en la que anidan cientos y cientos de estorninos). Durante ese año conocimos a Luis, un indigente majísimo que tocaba la flauta junto a nuestro portal, pero que paraba para que pudiéramos estudiar... no era este el caso con los peruanos de la Alameda. Meses, meses de calor y El condor pasa una y otra, y otra vez, y el cóndor sigue pasando sin que podamos hacer nada, ¡nada!
Tampoco consigo encontrarle la belleza a Laura Paussini o Eros Ramazoti (spelling?). Aunque me encanta el italiano, como idioma, esas canciones melosas y de letras facilonas (que se podrían aplicar también a Bisbal, Chenoa, etc) suelen sacarme de mis casillas en los primeros acordes.